Es la noche, ha llegado la hora de celebrar Halloween y hay que disfrazarse, de lo que sea y salir a liarla parda amparados en la careta que llevemos puesta para no ser reconocidos.
Lo malo es que a uno se le va de las manos y deja rienda suelta a sus hormonas e instintos y las cosas terminan como el rosario de la aurora… orgias al canto con guarras por todos los sitios.










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